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Overtourism: qué es, qué destinos ya lo están limitando en 2026 y cómo viajar sin ser parte del problema

Venecia cobra por entrar, Santorini limita los cruceros y Kioto vetó el acceso a Gion. Qué es el overtourism, qué destinos actúan ya en 2026 y cómo viajar sin agravarlo.

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Natalie

En junio de 2025 unos vecinos de Barcelona salieron a la calle con pistolas de agua y empaparon a turistas que comían en una terraza. No fue un exceso aislado: un año antes había pasado casi lo mismo, y desde entonces la escena se ha repetido, con matices, en Mallorca, Venecia y varias ciudades más. La imagen resume bien un cambio de época: durante décadas, atraer turistas fue casi siempre una buena noticia; ahora, en algunos de los destinos más visitados del planeta, empieza a ser un problema que hay que gestionar activamente.

A eso se le llama overtourism, y ya no es una palabra de nicho: es la razón por la que en 2026 pagas por entrar a Venecia, hay un tope diario de escaladores en el Monte Fuji y algunos callejones de Kioto están vetados a cualquiera que no viva allí. Si vas a viajar a alguno de estos sitios —o simplemente quieres entender por qué tu próximo viaje puede tener reglas nuevas—, esto es lo que necesitas saber.

¿Qué es el overtourism o turismo masificado?

El overtourism ocurre cuando el número de visitantes de un lugar supera lo que su infraestructura, su entorno natural o la vida de quienes viven allí pueden absorber sin deteriorarse. No es solo «mucha gente»: es un desequilibrio que se nota en precios de vivienda disparados por los alquileres turísticos, calles históricas que funcionan como parques temáticos, ecosistemas que se degradan por la presión de las visitas y residentes que empiezan a sentir que su ciudad ya no es suya.

El fenómeno no es nuevo, pero se ha acelerado por una combinación conocida: vuelos low cost, redes sociales que convierten cualquier rincón en un lugar «que hay que fotografiar», cruceros cada vez más grandes y una recuperación del turismo mundial que en 2024 y 2025 volvió a batir récords tras la pandemia.

Los destinos que ya han puesto límites en 2026

Esto ya no se queda en quejas de vecinos: en los últimos dos años, varios de los destinos más visitados del mundo han empezado a cobrar, limitar o directamente prohibir el acceso en ciertas zonas.

  • Venecia (Italia): desde 2024 cobra una tasa de acceso al centro histórico a quienes solo van de excursión de un día, sin pernoctar. En 2026 la aplica durante 60 jornadas (fines de semana y puentes de abril a julio), con un coste de 5 € si se reserva con antelación o 10 € si se paga en el último momento, y solo entre las 8:30 y las 16:00. Residentes y quienes duermen en la ciudad están exentos.
  • Barcelona (España): el ayuntamiento anunció el fin de las cerca de 10.000 licencias de pisos turísticos de la ciudad, con plazo hasta 2028, una medida que varios municipios del área metropolitana —como L’Hospitalet o Cornellà— ya están replicando. Es el telón de fondo de las protestas con pistolas de agua de 2024 y 2025.
  • Kioto, barrio de Gion (Japón): desde abril de 2024, los callejones privados del distrito de las geishas están vetados a los turistas, con multas de hasta 10.000 yenes para quien entre igualmente. La medida llegó después de años de turistas persiguiendo a maiko y geiko para hacerles fotos, tirándoles de la ropa o arrojándoles colillas. La calle pública principal, Hanamikoji, sigue abierta.
  • Santorini (Grecia): la isla, que en los días de más afluencia llegaba a recibir entre 11.000 y 17.000 pasajeros de crucero, introdujo en 2025 un tope diario de 8.000 pasajeros y lo ha endurecido en 2026 cambiando cómo se calcula la ocupación de cada barco. A eso se suma una tasa de hasta 20 € por persona.
  • Monte Fuji (Japón): escalarlo por la ruta Yoshida, la más popular, requiere desde 2024 pagar una tasa —que subió a 4.000 yenes en 2025— y respetar un límite de 4.000 personas al día durante la temporada de ascensos.
  • Bali (Indonesia): desde el 14 de febrero de 2024 se cobra una tasa de entrada de 150.000 rupias (unos 9 €) a todo turista extranjero, que también aplica a islas cercanas como Nusa Penida o Lembongan.
  • Machu Picchu (Perú): el aforo es dinámico y varía según la temporada, con hasta 5.600 visitantes diarios en fechas de alta demanda de 2025 y entradas organizadas por franjas horarias de tres o cuatro horas para evitar aglomeraciones en las zonas más fotografiadas.

Ninguno de estos destinos quiere menos turistas por sistema: quiere repartirlos mejor en el tiempo y cobrar por el desgaste que genera la masificación. La diferencia para ti como viajero es la misma: hay que planificar con más antelación que hace cinco años.

Por qué esto también te afecta a ti como viajero

Es tentador leer todo esto como un problema ajeno, de residentes contra turistas. Pero como viajero lo notas de forma muy concreta:

  • Reservar con más antelación deja de ser opcional. Franjas horarias, cupos diarios y entradas que se agotan (Machu Picchu, Monte Fuji) significan que improvisar la ruta el día anterior ya no funciona en los destinos con más demanda.
  • El presupuesto sube. Tasas de acceso, de crucero o de entrada se han vuelto habituales y hay que sumarlas al cálculo del viaje.
  • La experiencia se degrada si vas en temporada y horario pico. Las mismas medidas existen porque, sin ellas, el sitio que fuiste a ver se convierte en una fila de gente haciéndose fotos.
  • El trato hacia el turista se endurece. De las protestas simbólicas a las restricciones legales, la paciencia de las comunidades locales con el turismo mal gestionado se ha reducido notablemente en los últimos dos años.

Cómo viajar sin sumar al problema

No hace falta dejar de visitar estos lugares —siguen mereciendo la pena—, pero sí cambiar algunos hábitos:

  • Viaja fuera de temporada alta. Los mismos destinos en temporada media u ojos de temporada baja ofrecen mejores precios, menos aglomeración y, cada vez más, menos restricciones.
  • Reserva las entradas y franjas horarias con semanas de antelación, sobre todo en Machu Picchu, Monte Fuji y los cascos históricos con tasa de acceso.
  • Duerme en el destino en lugar de hacerlo de excursión de un día. En Venecia, por ejemplo, quien pernocta está exento de la tasa de acceso, y en general el gasto de quien se aloja se queda mucho más en la economía local que el de quien solo pasa unas horas.
  • Busca alternativas menos saturadas al mismo tipo de experiencia. Por cada Santorini hay una isla griega con el mismo mar y la mitad de gente; por cada Gion, un barrio tradicional japonés menos fotografiado.
  • Gasta en negocios locales —alojamiento familiar, restaurantes de barrio, guías locales— en lugar de cadenas internacionales, que es donde de verdad se nota el beneficio económico del turismo para quien vive allí.
  • Respeta las normas específicas del lugar, aunque parezcan excesivas vistas desde fuera: casi todas nacen de un problema real y muy concreto, como el acoso a las maiko de Kioto.

Preguntas frecuentes

¿Qué significa overtourism o turismo masificado?

Es la situación en la que un destino recibe más visitantes de los que su infraestructura, su entorno o su población pueden absorber sin deteriorarse: vivienda encarecida, ecosistemas dañados, cascos históricos vaciados de vida local y residentes desplazados o hartos del turismo.

¿Cuánto cuesta entrar a Venecia en 2026?

Quien visita el centro histórico solo por el día paga 5 € si reserva con antelación o 10 € si lo hace en el último momento, en las 60 jornadas de 2026 en que se aplica la tasa (fines de semana y puentes entre abril y julio), de 8:30 a 16:00. Los residentes y quienes pernoctan en la ciudad no pagan.

¿Por qué Kioto prohibió a los turistas entrar en las calles de Gion?

Porque durante años los turistas persiguieron a las maiko y geiko del barrio para fotografiarlas, llegando a tirarles de la ropa o arrojarles colillas. Desde abril de 2024, los callejones privados de Gion están vetados, con multas de hasta 10.000 yenes; la calle pública principal, Hanamikoji, sigue siendo accesible.

¿Cuántos turistas puede recibir Machu Picchu al día?

El aforo es dinámico y depende de la temporada: en fechas de alta demanda de 2025 llegó hasta 5.600 visitantes diarios, organizados por franjas horarias de tres o cuatro horas.

¿El overtourism significa que no debería viajar a estos destinos?

No. La mayoría de estas medidas buscan repartir mejor la afluencia, no eliminarla. Viajar fuera de temporada alta, reservar con antelación, alojarte en el destino en vez de visitarlo solo de paso y gastar en negocios locales son suficientes para disfrutar de estos lugares sin agravar el problema.

En resumen

El overtourism ha dejado de ser un debate académico: en 2026 se traduce en tasas de acceso en Venecia, topes de escaladores en el Monte Fuji, cupos de cruceros en Santorini y calles vetadas en Kioto. Para el viajero no cambia el destino, cambia la forma de prepararlo: reservar antes, ir en temporada media, dormir en el sitio y gastar en lo local. Es, en el fondo, la diferencia entre ser parte del problema o parte de la solución sin dejar de ver lo que fuiste a ver.

Fuentes

Natalie

Natalie

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